1960-1970

Crisis deportiva y económica

La década de los 60 avanza y el Celta es incapaz de alcanzar su gran objetivo: regresar a la Primer División. A la crisis de resultados se sumaron nuevos problemas económicos. La deuda de la entidad celeste condicionaba la parcela deportiva, llegando a tener que reestructurar al completo la plantilla en la temporada 64-65. Hubo que dar de baja a siete jugadores y limitar al máximo el salario de las nuevas incorporaciones. Al margen de lo deportivo, de nuevo se pusieron en marcha campañas para recaudar fondos que mantuvieran vivo al Real Club Celta, consiguiendo una espectacular respuesta por parte de un sector concreto: el sindicato de hostelería.

En aquella época, una noticia alteró en positivo los ánimos de los aficionados, aunque finalmente todo quedaría en un simple rumor. Cesáreo González, productor cinematográfico y ex-presidente del Celta, anunció la posibilidad de que el argentino Di Stéfano recalara en el club olívico. A pesar de que la estrella tenía 38 años, se dice que se llego a ofrecerle tres millones y medio de pesetas de aquella época.

Con el miedo en el cuerpo

La campaña 67-68 estuvo marcada por los cambios que la Federación Española de Fútbol introdujo en la competición, cambios que afectaron seriamente a los planteamientos deportivos de los equipos. La Federación reestructuró las categorías de la competición, de modo que la Primera División quedaba formada por 16 equipos y la Segunda por un grupo de 20, cuando antes la formaban dos grupos de 16 equipos. Por lo tanto, los ocho clubes clasificados en último lugar de cada uno de esos grupos descenderían a la Tercera División.

De este modo, la temporada 67-68 se presenta con otro objetivo más importante que el ascenso: lograr la permanencia. Ese Celta estaría dirigido por Ignacio Eizaguirre e incorporaría a sus filas a gente tan importante como Gabriel Lezcano, Riveros, Fernando Rey o Antonio López. La primera vuelta del equipo vigués se desarrolló conforme a la filosofía marcada por Eizaguirre: la salvación antes que nada. No terminó mal la temporada paran los intereses del Celta. Abel y Rivera, ambos con 17 goles, fueron los ‘Pichichis’ de la categoría de plata, aunque lo mejor estaría por llegar…

De vuelta a la gloria

La temporada 68-69 no se olvidará fácilmente en la historia del Real Club Celta, pues supuso el retorno del equipo a la División de Honor después de diez años en Segunda, luchando contra el descenso y la frustración de quedarse siempre a las puertas de la gloria. Si bien el club consiguió mejorar su situación económica, los objetivos deportivos no se habían logrado hasta entonces. Ya era hora de que hubiera un cambio para mejor.

A pesar de un comienzo irregular, el Celta se mantuvo durante toda la Liga en los tres primeros puestos de la clasificación. A medida que iban transcurriendo las jornadas el ascenso se veía más cerca, puesto que el Celta iba sumando victorias, pero a mitad de temporada hubo un hecho que causó un profundo malestar en el seno celeste. Tras derrotar el Celta al Jerez Industrial 2-0, varios medios se hicieron eco de un presunto soborno al portero del rival, una actuación en la que se intentó implicar al Celta. Al final todo se pudo aclarar. Al parecer dos jugadores del Jerez Deportivo se habían presentado en casa del portero del Jerez Industrial para ofrecerle dinero a cambio de que se dejase marcar. Tras la investigación de un juez especial de la Federación, el nombre del club vigués quedaría limpio.

Antes de que acabase la competición, el Celta había conseguido el ascenso matemático a Primera, motivo de orgullo y alegría para toda la afición, y para la directiva, que impuso la insignia de oro a técnicos y jugadores por su ‘hazaña’.

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Merece la pena resaltar, como dato curioso, el hecho de que la temporada del ascenso fue también la temporada de la luz. Y es que a primeros de octubre, el entonces alcalde de Vigo, Rafael J. Portante, decidió que Balaídos debía contar con unas instalaciones eléctricas en condiciones para que pudiesen disputarse partidos en horario nocturno.

Esas instalaciones se costearon con el dinero que el Celta percibía en concepto de publicidad y explotación de los bares, un capital que era reembolsado al ayuntamiento con la condición de que lo invirtiese en mejoras para Balaídos. El 9 de abril de 1969 se inauguró esa dotación eléctrica, y con ese motivo se celebró un amistoso con el Anderlecht belga. El resultado fue de empate a un gol. El primer partido oficial que se disputó en el estadio vigués bajo los nuevos focos fue el Celta-Onteniente, en el que los locales se impusieron por 2-0, con goles de Suco y Pocholo.